Posted in febrero 2010

Querido Alfonso…

Querido Alfonso, parece que por fin ha dejado de llover. Hoy, he salido a la terraza a desayunar. Se empieza a filtrar la luz de la primavera a través del cañizo, y eso, sabes que me hace sentir bien. No veo el momento de escuchar el pisar firme de tus zapatos sobre los guijarros de la entrada. Pero dime, que tal en Paris?, pasaste por la tienda de Monsieur Guitard?, compraste los colores que te encargué?. Monsieur Guitard siempre tuvo los pigmentos más finos del mundo. Por no hablar de sus pinceles. “De marta cibelina Madame, como siempre”?. Recuerdo aquella exposición como si fuera ayer…

…ayer vino a verme nuestro vecino, el señor del pañuelo rojo. Me dijo que se mudaba a la casa de las ventanas azules. Se le veía muy feliz. Desde hacía más de veinte años que quería vivir allí. Le dije a Cora, la asistenta nueva que me enviaste, que nos trajera la botella de Calvados. Aquello había que celebrarlo. Durante más de una hora estuvimos mirando sin pestañear la higuera que hay junto al estanque. No se Alfonso, esta chica, Cora, no me acaba de gustar del todo. Se empeña en ir vestida con una bata blanca que no le queda nada bien. Adela era mucho más elegante. Con su uniforme de algodón negro, impoluto. Casi no se le oía cuando se acercaba. Cora es un poco mandona. Está obsesionada en llevarme al camino de la hojas para que me dé el sol. Si a mi nunca me gustó tomar el sol. Por no hablar de la rigidez de los horarios en las comidas y las cenas. Le he dicho que no me gusta tomar nada antes de que tú llegues.
Alfonso, querido, vuelve pronto, te echo mucho de menos. No me veo con fuerzas para poner orden en la casa. Ayer no me sentía bien. No salí de la habitación. Cora me pidió permiso para invitar a sus amigas  a tomar el té. En otro tiempo me hubiera parecido una insolencia y la hubiera despedido. Se acomodaron en la pérgola de verano. No te lo vas a creer, todas vestían  esa horrible bata blanca, deben estar de moda entre las chicas jóvenes. Alfonso, querido, vuelve pronto, me muero por verte.

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