Publicado en octubre 7, 2010

Entre Paco… y los demás.

La pasada semana hizo un año que Elia y yo nos disponíamos a pasar unos días de descanso en Ezcaray. Todavía recordamos con alegría nuestras vivencias en el paisaje Riojano y, cómo no, nuestro encuentro con la familia Paniego en El Echaurren. Conocer a los Paniego y disfrutar de su compañía es de esas cosas que nunca se olvidan. Recuerdo especialmente la noche que, hablando de lo divino, lo humano y lo gastronómico junto a unos gintonics, Francis Paniego me dijo que su logo lo había diseñado Paco Bascuñán. “Te lo ha diseñado el más grande”, recuerdo que le dije. A partir de ahí creo que sin darme cuenta empecé a ejercer de valenciano. Nunca he ocultado mi admiración por el diseño gráfico que se ha hecho en mi tierra, pero siempre he visto algo entre Paco y los demás. Yo, que pertenezco al grupo de los demás, soy de los que en esos momentos de sufrimiento que todos los diseñadores tenemos cuando la idea no ve la luz, siempre recurría a trabajos conocidos de autores conocidos. Y siempre que entre mis libros aparecían los trabajos de Bascuñan me llenaba de una energía que me hacía empezar otra vez.

He pensado muchas veces que me llevó a mi a querer dedicarme a esto. Sinceramente, haber nacido en el casco antiguo de Valencia imprime un cierto carácter y llena tu infancia de una simbología muy especial. Desde muy pequeño crucé a diario el mercado central para ir al colegio. Ese griterío simpático de los vendedores y la explosión impresionista de color, de aromas, la atmósfera que se vivía, me marcó profundamente. Eso, y mis visitas contínuas al Cabañal a ver a mis abuelos, los paseos por la Malvarrosa, la paella del domingo, las luces y sombras del barrio del Carmen, la majestuosidad de la Calle de la Paz, las portadas de las novelas de vaqueros que me fascinaban en la Plaza Redonda, han sido más influyentes en mi trabajo profesional que la Bauhaus, la escuela helvética y todo lo que uno absorbe cuando encuentra algo que le apasiona. Pero si hay algo que me alegró de verdad del viaje a Ezcaray fue que los Paniego me hablaran de Bascuñán persona, padre y amigo. A veces, yo que tengo un ramalazo mitómano, se me han caído en el cajón del olvido artistas que no supieron controlar el ego a tiempo, que no supieron ejercer de humildes cuando la vida les había dado la oportunidad de trascender profesionalmente y personalmente. Me sentí muy orgulloso de saber que mi admirado Bascuñán era un gran tipo.

Nos reímos mucho esa noche y mi satisfacción siguió en aumento cuando Chefe Paniego me comentó que podría asistir a un encuentro de diseñadores, creadores y demás, que querían organizar en Ezcaray, y en el que, cómo no podría ser de otra manera, estaría Paco Bascuñan. La verdad es que llegué a sentir un poco de rubor. Yo, que soy de los demás, tendría la posibilidad de estar junto al más grande. Volvimos de Ezcaray felices por unos días maravillosos y yo no dejaba de pensar en la posibilidad de conocer a Paco. Recuerdo mi sonrisa al pasar por delante de  los carteles de la autopista A-7. Cuando llegue a casa, repasé mis libros, volví a ver sus trabajos y me conecté a internet. Estaba dedicando unos minutos a facebook, cuando decidí hacer una búsqueda. Allí estaba. Me dió apuro enviarle a Paco mi solicitud de amistad. Pensé que a lo mejor tenía suerte y podía contar con él entre mis amigos de facebook mientras se acercaba el momento de conocerlo personalmente.

Pero está claro que el destino tenía otro proyecto diferente. Al día siguiente miré el ordenador con impaciencia para ver si había respuesta. Paco Bascuñán ha aceptado su solicitud de amistad, decía mi correo. Estaba disfrutando del momento cuando el sonó el teléfono. Mi chica, por medio de Francis Paniego, había recibido la noticia de que Paco Bascuñán había emprendido un viaje largo, muy largo. Me repetía a  mi mismo que no podía ser, que la vida no podía ser tan injusta. Lloré como si hubiera perdido a un amigo, no acababa de entender nada. Sería muy egoísta si pensara que el destino me jugó una mala pasada por no dejarme conocer a Paco. Con el tiempo pensé que el destino se había propuesto que todos aquellos que lo admirábamos y los que estaban más cerca de él, no dejáramos de contar lo grande que es. Creo que ese el el principal objetivo. Por eso me animé a escribir esto. Me hacía ilusión pensar que, como valenciano,  a Paco también le gustara el griterío amable del mercado central, las luces y sombras del barrio del Carmen y los colores del Mediterráneo a su paso por la Malvarrosa.

Siempre que me asalten las dudas al elegir una tipografía, siempre que quiera gritar desde la pared, siempre que no sepa cual es el camino de la mejor propuesta, siempre que eso ocurra volveré a revisar mis libros, lo buscaré y como siempre me reconfortará, me dará energía para seguir trabajando. Esa es en mi opinión, y con todo el respeto para todos los que trabajamos en este mundo tan complejo del diseño gráfico, la diferencia que hay entre Paco…y los demás.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.